domingo, 5 de octubre de 2008

England

Oxford

Sin palabras.













jueves, 2 de octubre de 2008

Éire

Baile Átha Cliath

Aterricé en Dublin por estas cosas de viajar en aerolíneas de bajo costo: para poder conectar con Birmingham no me quedaba otra. Me quedé por escasas 36 hs. y tuvo sabor a poco.

Me encontré con otra capital minúscula, llena de jóvenes, pubs, museos y edificios bellísimos. Tuve tiempo de ir a la National Gallery of Ireland donde pude ver trabajos de pintores irlandeses, lo cual me alegró porque no conocía ninguno. Estuvo bueno que una de las áreas estuviera dedicada exclusivamente a ellos desde el siglo XVI hasta el presente.

De ahí a comer vegetariano, obvio. Mi amiga Seona, que me alojó generosamente en su casa, me había recomendado un lindo lugar y ahí hice escala antes de seguir.

Segunda parada del día: el Dublin Writers Museum. Entonces estuve un buen rato repasando mi literatura: desde Jonathan Swift hasta Sammuel Beckett, pasando por James Joyce, Oscar Wilde, Mary Edgeworth, Thomas Moore, G. B. Shaw, W. B. Yeats. Un deleite. Ganas de leer y releer todo.

Lo más lindo: ver a Seona después de tanto tiempo, conocer a su pequeña hijita Aifric y ver cómo cambió su vida y lo feliz que está con ella. Y las vistas de la ciudad.








domingo, 28 de septiembre de 2008

El Arte de Cocinar

El tema: cocinar para amigos y familia

Cuatro días de curso. Vivir en la residencia. ¡Volver a comer bien! Tener que bancarme las descargas (pesadillas, picazón, etc) de volver a comer bien. Deleitarme mirando trabajar a la mejor cocinera del mundo. Sentarme a comer su comida y tenerla al lado para preguntarle TODO. Aprender truquitos, apasionarme por los sabores viejos, descubrir nuevos, sentir que de estar ahí se disparan ideas. Entender que se puede vivir con no-macrobióticos. Tomar notas de hasta el último detalle. Refinar nuevamente el paladar. Conocer a Suzanne, una persona hermosa que me alentó a perseguir mi sueño y compartió generosamente su talento conmigo. Volver a lo de Ceci y cocinar.



Eso fue la vuelta a Ámsterdam.

viernes, 26 de septiembre de 2008

France

Paris

El primer día fue olvidable. En síntesis y para no aburrir a nadie: después de hospedarme en el Hostel del Horror la primera noche, pasé todo el día buscando un alojamiento como la gente. Así que perdí todo el domingo en una mezcla de confusión e indecisión. Recomendación: en París hacer reserva con tiempo. Mi estadía en La Ciudad de la Luz realmente empezó el lunes.

Y empezó genial: con visita al santuario del grandísimo Alejandro Jodorowsky.



¡Qué emoción estar ahí!! Originalmente había planeado estar en Paris el miércoles, cuando él hace las lecturas de Tarot gratis, pero erré el cálculo y saqué mal el pasaje de vuelta así que me la perdí y lo lamenté y lo lamento aún. Pero en su honor me hice una lectura, la del Héroe, in situ. Y fue absolutamente maravillosa, apropiada, precisa, inspiradora y disparadora de emociones como siempre.

La pregunta: ¿Qué debo hacer para realizar mi sueño?











Entonces el día, y mi percepción de París, siguió mejorando con el almuerzo. Me encontré con una amiga que hice en la conferencia de verano en Helvoirt en el único restaurant macrobiótico de la ciudad. Charlamos por un buen rato de muchas cosas interesantes, intercambiamos información, direcciones de e-mails de profesionales varios, y páginas web. Y luego feliz y contenta, con la pancita llena de comida rica y buena después de algunos días de no comer tan bien, me fui a ver la París de las postales.






Al otro día Montmartre, que fue precioso. Como tantas otras veces durante el viaje, creí que iba a pasar unas pocas horas ahí pero finalmente cuando me quise acordar eran las 5 de la tarde. Pero claro:









Y casi se termina la estadía en París, pero ¡no podía irme sin ir al Louvre!!! Era el último día y no había ido al Louvre, ¿pueden creerlo?? Así que tenía el tren a las 12.25 hs., me levanté a las 7.30 hs., desayuné y salí para el museo que abre a las 9 hs. Iba con la intención de no entrar, en realidad. Me dije: “Le saco unas fotos a las pirámides y al edificio y me voy.” Pero llegué, lo ví y pensé: ¡no puedo ser tan mensa!!!!

Así que estaba casi primerísima en la cola. Y con sólo una hora disponible le dediqué más de la mitad a La Gioconda. No podía sacarle los ojos de encima y mientras me secaba las lágrimas (los de seguridad me miraban con cara de: “Ufff, otro más que llora delante de la señora…”), la disfruté, la disfruté y la disfruté.



Otra imperdible: la Venus de Milo. Una belleza que se estropea por la cosa cholula de los turistas, hay que decirlo, mayormente orientales.




Curiosidad: en ningún museo hasta ahora había visto que dejaran sacar fotos. Supongo que tan confiados de la seguridad del museo están que pueden permitir las cámaras. Pero no creo que sea bueno. La mayoría de la gente, la que va a los museos porque hay-que-ir, se pierde de disfrutar las obras por sacarles fotos. Una pena.


*


Y así como quien no quiere la cosa, se pasó el mes de paseo. Por lo menos, la primera parte. Intenso, bellísimo, con inesperadas sorpresas de todos los tipos y colores, emocionante, no podría pedir más realmente. No podría haberme imaginado un viaje más maravilloso.

Ahora a estudiar que, como dice Nati, ¡es para lo que vine!!!

domingo, 21 de septiembre de 2008

¡Eh!

Primavera, primavera...

Pero otoño, otoño...

Espanya

Barcelona

Día 1. ¡Entré en pánico!! Venía de lugares muy pequeñitos, ciudades de muñecas que se recorrían a pie y en las que me costaba nada ubicarme. Y cuando salgo del subte me encuentro con Avinguda Diagonal, que es como estar en 9 de julio y Corrientes. Pensé: “Me voy, ¿qué hago acá?, me vuelvo a Ginebra, me vuelvo a Ámsterdam, ¡vuelvo a Buenos Aires!!!!” Pero por suerte, me duró poco.

Esa tarde me quedé en el hostel, sólo salí luego de hacer algunos llamados y, claro, me confié porque ahora-estoy-en-España-cena-hasta-cualquier-hora pero no. A las 23.10 hs. me echaron flí en el único lugar que seguía abierto y casi casi me quedo sin comer: me salvaron las bolas de arroz que había preparado en Ginebra con las sobras del sushi (¡y que había olvidado completamente que tenía!!!).

Día 2. Salí a hacer reconocimiento del lugar. He descubierto que eso me tranquiliza: tener el mapa saber cómo moverme, dónde comprar orgánico y dónde comer vegetariano (macrobiótico es mucho pedir en la mayoría de los lugares que visité). Y pasé por el Museo Nacional D’Art de Catalunya, pero no entré. Y seguí caminando y encontré una librería donde compré otro mazo de tarot de Marsella, pero miniatura como el que originalmente me regalara Javier, y ¡descubrí que el libro de Perla Palacci se vende a €16.- en Barcelona!!!

Y luego de muuuuuucho caminar llegué a La Rambla. Me pasó algo muy gracioso (motivo por el cuál pasé por el Museo) y es que me dije: “Me tomo el subte, me bajo dos paradas antes y camino. Para eso estoy de vacaciones…” ¡ERROR! No es como en BAyres, no no no… que entre parada y parada hay 4 cuadras… 6 como mucho. ¡Acá en 2 paradas te fuiste de una punta a la otra! Y bué… terminé caminando ¡puff! Peeeeero es cierto que estoy de vacaciones, así que al final del día no importó.

En La Rambla descubrí el Mercat Boquería, la Plaça Reial, el Palau Güell y la librería más maravillosa del mundo: Central. Quise ir al Museo D’Art Contemporani de Barcelona pero era martes y estaba cerrado, lo que me llevó a una inesperada caminata por El Raval, un barrio muy ecléctico, entre bohemio y turco que me cautivó. Allí encontré desde kebab hasta pintadas de Bertoll Brecht y la sucursal barcelonesa del local que se tiene que poner Anita en Buenos Aires. Comí en un vegetariano bueno-y-barato, donde conocí a María e Ina, de las que ya les contaré más adelante.

Y, por supuesto, como buena caminata de reconocimiento en Barcelona, desemboqué en el Mirador de Colom. En ese momento salió el sol y me eché cual lagarto, tanto lo necesitaba. Iglesia de La Mercé y no les cuento más porque si no mi mamá después me tira de las orejas por lo que shiro en sólo un día.

Día 3. Se lo dedico a Gaudí, me dije. Así que partí hacia Parc Güell. Y no sé por dónde empezar… Me acuerdo de ese lugar y me vuelvo a emocionar. Supongo que debería poder poner en palabras, ¿no? por esto de que escribo poesía y bla, bla… Pero no me salen, la verdad. El lugar es tan monumental, tan bello, tan delicado como no sale en las fotos.



La casa de Gaudí también es muy bonita, más por fuera que por dentro.



Pero lo que me gustó más fue transitar los sectores del parque en donde no hay “obra” propiamente o por lo menos no hay obra tan obscena. A Gaudí le interesaba trabajar con la naturaleza, imitándola y de repente una manifestación tan simple como ésta:



es una declaración más fuerte que cualquier piedrita de colores.

También me tocaba la Sagrada Familia, pero me quedé sin batería en la cámara así que lo cambié por el Museo. Lindo el museo. […]. Pero creo que después de Gaudí había perdido la capacidad de asombro…

Día 3. Sagrada Familia y crash-boom-bang. Preciosa, monstruosa, interminable. Al principio pensé (como cuando era chica y me llevaban a los castillos, ma): “Ufa, está roto, está sin terminar, tanto andamio, tanto plástico, ¡yo quiero verla terminada!!!” (Esa cosa infantil que tengo, qué se le va a hacer…) Pero luego*, volviendo a pensar el tema de la naturaleza en la obra de Gaudí la iglesia resulta su manifiesto más contundente: hace ciento veintitantos años que está en construcción y sólo está finalizado el 50%. Como la Pachamama que nunca descansa, nunca termina.

*Nota para las joaquinas: increíble cómo se pega el vocabulario primero, en rioplatense hubiera dicho “después”. Después le sigue la entonación y creo que a lo último los sonidos.



Siguiendo la ruta Gaudí, pasé por la puerta de La Pedrera y de la Casa Batlló. Hubiera entrado, vio… pero €16.- me pareció un exceso. Así que hice unas lindísimas fotos desde afuera y me engoticé en el Barrio Gótico.

Y así como si nada, desemboqué en la Plaça del Ajuntament donde entre 18 y 19 hs. uno puede manifestarse. Y me encontré (miren si no estaba en el lugar correcto en el momento indicado) con una manifestación de docentes:



que, igual que acá, dicen no a la reducción en las plantas. Y la otra de arrrrrtistas, que piden espacios libres para los callejeros. Me adherí a las dos y me permití disfrutar (en protesta no debería…) de la propuesta de manifestación de los barceloneses creativos.

Incluso participé de En Bragas, ¡versión barcelonesa de Colas , Pau!!!



Día 5. Influenciada por la obra guadiana, me pegó el contacto con natura así que allá fui a Montjuïc a visitar el castillo, que no es muy verde pero desde donde ¡se ve el mar! Y ahí me quedé, embobada, atontada, enceguecida… Y de repente, me di cuenta de que Barcelona me obligaba a ver las cosas, la vida de otra manera… Entre otras cosas porque en ese preciso lugar, en ese momento, ese bellísimo día de sol… ¡hice torta mis anteojos!!!

[foto recreación del hecho]

Almorcé en un vegetariano acompañada (lo saben: las mesas se comparten) de tres catalanes divertidos y macanudos parecía. Si digo que entendí el 40% de lo que decían creo que exagero, pero ¡qué lindo idioma el catalán!!!

Y desoyendo la voz que me dijera: “Playa hay en todos lados, Mercedes.” y escuchando atentamente las entrañas que me pedían sol, mar y viento me fui a Barceloneta. Ya sé, es como ir a Playa Grande: turística, colmada y plástica. Pero les juro que si te sacás los zapatos, mirás en ángulo para enfocar sólo el mar y ponés a Feist en el mp4 lo suficientemente bajo como para que se escuche el mar… Y bué… es una meditación en acción.



Tantas pilas me dio el mar, que después me duró lo suficiente como para encontrarme con María e Ina y tomar té con torta, ver uno de los tantos conciertos por la fiesta de la Mercé (patrona de Barcelona), y finalmente ir a la búsqueda del Bar Marsella donde se vende la absenta que supieron tomar los grandes. Hubiera disfrutado beberla en honor a mi amigo JSG y por recomendación de MOB, pero el bar no lo encontré. Y como no me iba a ir así, desilusionada, me desparramé en un sustituto donde me emborraché con gusto y en compañía de mi cuaderno de viaje que se llenó de poesía trasnochada.

Día 5. Habitualmente, el último día es día muerto. El avión salía a las 14 hs, tenía que estar 12.30 hs. en el aeropuerto, en fin… ¿qué podía hacer? Caminé por el barrio, me desvié en la cuadra justa y descubrí que Barcelona es Barcelona en todos lados.





Por si no se nota, por si no lo sienten, les digo: ¡me enamoré de la Barca!!!!!!! Y a Barcelona vuelvo de cabeza. ¿Quién me acompaña?


martes, 16 de septiembre de 2008

Suisse

Genève

Llegué a Suiza con alegría y a la expectativa del reencuentro con un amigo que hacía 3 años que no veía. Suiza me recibió con un sol tibio en un jueves feriado. Y Matías con ganas de mostrarme la ciudad y tiempo para recorrerla conmigo.



La verdad Ginebra es una ciudad rara. Con excepción de la ciudad vieja, las construcciones son poco pintorescas y hasta diría que son bastante feas al estilo de las construcciones de la época de Perón en la Argentina. Pero impresiona ver tantos organismos internacionales concentrados en un mismo lugar. Matías se los conoce todos así que ya el primer día paseamos un rato y me nombró: Cruz Roja, Naciones Unidas, Organización Mundial de la Salud, Organización Internacional del Trabajo... y no sé cuántas más que no puede retener.



Entre las cosas que hicimos, el sábado tomamos un colectivo que cruza la frontera, y estuvimos caminando un poco por un mercado sabatino en Francia. Muy pintoresco, sobretodo porque lo hicimos bajo una lluvia constante. Después Matías aprovechó para hacer compras en el Carrefour del otro lado, que es más barato, y luego volvimos a Ginebra para comprar algunas otras provisiones que nos hacían falta ¡¡para preparar sushi!!! En la conferencia tuve una clase de sushi y Matías había preparado nigiri con un amigo japonés una vez, así que nos mandamos y ¡salió delicioso!! Parecía profesional incluso. Así que comimos sushi hasta reventar y charlamos hasta tarde.



El domingo amaneció nublado, pero sin lluvia. Hizo más frío que el sábado y estuvo húmedo. Pero salimos igual. Acá hay un servicio de préstamo de bicicletas gratuito: con tu pasaporte (o documento de identidad) y un depósito de 20 CHF (francos=dólares) podés usar una bici por 4 horas. Así que buscamos dos bicis y salimos a pedalear. Pedaleamos por los Alpes en una mezcla de pueblo-campiña durante casi 2 horas, ¡¡con viento en contra y en subida!!! (No sabés como me acordé de tu travesía en bici en Bariloche, Mano) El objetivo era volver a cruzar a Francia y lo logramos. A la vuelta paramos a tomar un té y comer unos sándwiches (vegetariano para mí) y, en bajada y con viento a favor, volvimos en 45 minutos.



De ahí a recorrer a pie las calles de la ciudad vieja con bastante frío pero disfrutando de las construcciones, que son hermosas. Y de algunos landmarks literarios.




Y a la vuelta, ya hora de cenar, no hizo falta mucha insistencia para que aceptara una fondue de queso suiza para calentar el cuerpo... (Y sí, algunos gustitos me estoy dando...). Me acordé de un cuento mi mamá y pedí té en vez de vino. Parece que la fondue se come con té caliente para que el queso no se te haga una bola en el estómago. Igual, a pesar de mis precauciones, debo confesar que dos horas después de comer me sentí como el demonio... Pero bué… esa es la sensibilidad que me dio la macrobiótica y me la banco.

Y, sin que me diera cuenta, se pasaron los cuatro días planeados para la visita. Entonces el lunes empecé a preparar la mochila nuevamente y me apronté para tomar el avión a Barcelona. El broche de oro para la estadía ginebrina fue volver a preparar sushi el lunes al mediodía (¡qué bacanes!!) y comer deliciosamente antes de partir.

Nadie me quita lo viajado pero fue una pena que los cuadro días pasaran tan rápido.